Núria Vendrell
Nací en Montmeló, en 1984, cuando aún no existían ni internet, ni los móviles… ni todas sus consecuencias. Crecí feliz, rodeada de bichitos y hierbajos, en una casa con un amplio jardín y una familia que le daba luz y alegría.
Con el tiempo, cuando mi cuerpo empezó a volverse más sinuoso, la fragilidad se coló en mi vida. Crecí y descubrí que las baldosas esconden secretos. Desde entonces, camino sobre ellas escuchando lo que murmuran: historias como las de las protagonistas de mi primer libro de relatos. Valentina, que sigue viva aunque su corazón no lata. Cora, que se pierde al reencontrarse con su pasado. Bruna, que regresa de Francia para enfrentar los fantasmas que dejó atrás. Gala, que cruza todos los límites para vengar a su hermana. Elisa, que en Berlín tropieza con alguien capaz de trastocar su vida entera. Y otras más, igual de tercas y vivas.

Cuando tuve algo de uso de razón, ese don a veces sobrevalorado, me licencié en Publicidad y Relaciones Públicas, cursé un posgrado en Periodismo Local, Comarcal y Social, y me lancé a navegar por los mares de la comunicación y el marketing. Llevo más de quince años surcando estos océanos. A veces tranquilos, otras con marejadilla, y en ocasiones con tormentas que hay que capear para no acabar en el fondo.
Pero entre campañas y reuniones, guardaba en los bolsillos relatos como pequeñas piedras, que esperaban la mano que se atreviera a lanzarlas al agua para ver hasta dónde llegaban las ondas. Un día, las dejé salir. Mis tesoros secretos, como cuando era niña. Primero, en Instagram en @mil_fulls. Después, en un libro junto a Comitia Editorial, gracias a una mano amiga que me llevó hasta ellos.




Escribo para abrir rendijas en lo cotidiano, para que alguien se asome y descubra que, incluso en los lunes más interminables, hay grietas por donde se cuela la felicidad. Porque toda vida y lo que nos pasa, incluso lo más común, guarda un instante capaz de cambiarlo todo.
Lo que me inspira a escribir

Escribo cuando el silencio y el aroma a tostadas inunda la cocina por la mañana. Me da una sensación de hogar. Y eso me serena, me inspira. Un espacio aparentemente vacío, pero lleno de clarobscuros.

Pisar las baldosas de las calles me abre los ojos de par en par. Observar lo que me rodea me ilumina. Gente que discute por el móvil, que se mira con chiribitas en los ojos, que viaja en bus, que come, que vive.

La música y lo que leo me transportan a lugares nuevos, quizás aún desconocidos para mí. Me ayudan a despertar y a rebuscar en los recovecos de mis entrañas siempre inquietas.

Me inspiran las personas que me rodean. Quienes me abrazan con palabras y me confían sus historias. Relatos sencillos, a veces extravagantes. Tristes, alegres, pero siempre humanos.

¿Te atreves a caminar conmigo sobre las baldosas?
Puede ser nuestro secreto… sshhht.